Esta es la historia de una tortuga y una gacela.
La tortuga tenía ya 102 años, una buena edad para su raza, una edad en la que podía gozar de las mayores facultades porque estaba en su segundo tercio de vida.
La gacela tenía 7 años, una edad avanzada teniendo en cuenta los peligros a los que se enfrentaba cada día… entre ellos los temidos cazadores!
Ambas se encontraron un día lluvioso de primavera en una cueva, ambas buscaban refugio, y como no parecía que fuese a clarear en unas horas, decidieron compartir unos buenos momentos de conversación. Hablaron de todo, de su familia, de su tipo de vida, de lo que encontraban para comer, de la primavera que terminaba… de todo y nada.
De repente, la gacela se dio cuenta que la tortuga contaba su vida sin emoción, y dando por hecho que como aún le quedaba un tercio de vida podría disfrutar de todo aquello que deseaba en los años que vendrían. Y le hizo una pregunta:
-Tortuga, ¿recuerdas cómo fue el último atardecer que viste?
Y entonces la tortuga, bajó la cabeza para pensar, y pasados unos segundos respondió:
-No, imposible.
Entonces la gacela se acercó un poco más a la tortuga y le sonrió mientras le susurró unas palabras:
-…te voy a contar un secreto tortuga. En esta vida pocas cosas hay seguras, pero una de ellas es que desde que nacemos corremos muchos peligros, nos enfrentamos diariamente a momentos duros, y a momentos emocionantes, conocemos a otros seres, con unos nos llevamos bien y con otros no tanto. Todos buscamos lo mejor para nosotros e intentamos rodearnos de cosas bonitas y bellas, pero olvidamos que la vida pasa rápido, y perdemos por el camino situaciones y momentos que nos ayudan a sonreír un poco más, a sentirnos más vivos, a sentirnos mejor, y los tenemos al alcance de nuestra mano todos los días, se llama “el resto de las cosas vivas”.
Mira al cielo siempre que puedas para saber a qué hora va a atardecer, y si puedes, estés donde estés…párate a disfrutarlo. Busca las primeras flores del campo, del jardín. Mira los brotes verdes nuevos de la primavera…¿has visto qué color tan vivo?, toca la tierra mojada con tus manos, busca el agua de los ríos y tócala para notar lo fría que baja, cierra los ojos y huele el viento, echa un vistazo a la luna…¿no te has dado cuenta que no falla nunca?, pinta de colores tu vida… de los colores que te marque tu espíritu y vigila si son oscuros, camina con los ojos cerrados alguna vez…por si un día dejas de ver pero sigues vivo! Aprende a buscar comida y aprende a vivir sin comida, cuida tu cuerpo…no sea que vivas muchos años! Y piensa que hoy ya es un buen día para comenzar a vivir… estando vivo.
La tortuga escuchó cada una de las palabras de la gacela, y después, esperaron a que pasase la tormenta.
Al día siguiente, en un día clareado por el sol, la tortuga reemprendió su camino, no sin antes hacerle una pregunta a la gacela:
-Gacela, ¿recuerdas el último atardecer que viste?
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-Sí, tortuga, contigo…Mientras te hablaba el sol dejó ver algunos de sus rayos entre la tormenta, fue precioso, pero tú estabas con la cabeza baja mirando al suelo.
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